Porque vamos en bici por la carretera y no por la acera

Como ciclistas urbanos, no estamos exentos de cientos de anécdotas y vivencias de la más diversa naturaleza en nuestro día a día compartiendo espacios en la calzada con coches y vehículos de todo tipo.

En algunos de nuestros desplazamientos suele ser anecdótico recibir improperios y recriminaciones por parte de conductores de vehículos de mayor tamaño que los nuestros. Nuestra táctica habitual para minimizar estas situaciones es la de circular siempre de manera correcta, respetando las normas escrupulosamente y señalizando bien nuestras acciones con antelación, mirando a los ojos al conductor si es posible. De esta manera, hacemos partícipes a los demás de nuestra presencia e intentamos empatizar con ellos por la vía de la comunicación. Prevén nuestras acciones y les damos la oportunidad para planificar las suyas en relación a nosotros.

Como cualquier persona, no estamos exentos de cometer fallos o imprudencias involuntarias ante las que siempre pedimos disculpas si ello ha desembocado en perjuicio para los demás. Por si fuera poco, si es el caso, también intentamos solucionarlo.

Sin embargo, siempre hay y habrá conductores que pese a todas nuestras precauciones para evitar situaciones que puedan desembocar en enfrentamientos su intención real sea recriminarnos nuestra presencia en la carretera. Para ello se valen de cualquier acción que implique falta de respeto o atentado a nuestra integridad moral, psicológica e incluso a veces también física. Ya saben aquello de “tontos los hay también en las mejores casas”.

El miedo a este tipo de situaciones es una de las causas que más ciclistas aparta de las calzadas y los pasa a las aceras, donde, muchas veces han de compartir espacio con peatones de manera antireglamentaria. Con ello crecen los conflictos innecesarios entre peatones y ciclistas, miedosos o coaccionados por la violencia que se vive en algunas carreteras.

Lo peor de todo es el hábito, pues a muchos de ellos es difícil sacarlos de ahí, incluso cuando existen carreteras pacificadas al lado. Si se les sanciona puede que bajen a la carretera, pero también es probable que muchos otros abandonen la bici, por miedo a los coches por un lado, a las multas por otro.

La presencia en las carreteras de las bicis es la mejor solución para evitar situaciones indeseables con los conductores, que se acostumbrarán a ellas y aprenderán (aprenderemos) a compartir mejor ese espacio común que por definición nos pertenece a todos. A más bicis mucho menos miedo y más seguridad para nosotros los ciclistas. El sentirnos arropados por iguales nos da seguridad. Como hacen las bandadas aves, los bancos de peces o las manadas de mamíferos ante los depredadores.

Somos de los que nunca pisamos una acera montados en la bici. -precisemos, nunca circulamos por ellas- siempre vamos por la calzada o el carril bici si lo hay y solo si realmente está en condiciones y es seguro. Esto implica muchas veces meternos de lleno en la jungla de asfalto y humo, aceptar un reto no exento de riesgos ante la temeridad de los demás y su violencia al volante. Pero no nos da la gana de amedrentarnos y tener que ceder parte de nuestro terreno para quitárselo a los demás.

El hecho es que es en esa parte de la calle donde más cómodos nos sentimos, donde no importunamos a peatones. No nos sentimos ridículos rodando a paso de tortuga esquivando personas, mobiliario urbano, subiendo y bajando bordillos, frenando y acelerando todo el rato, cruzando pasos de cebra… En la carretera es donde podemos rodar de manera fluida, sintiendo el aire en la cara y la esencia del pedaleo constante. Lo hacemos por su sitio y reivindicando ese espacio y nuestro derecho a compartirlo con el vehículo en relación a nuestras características específicas, sin miedos ni coaccines y con discriminación positiva.

Para llegar a ese punto no solo es necesario bajar a la carretera. La administración ha de poner también de su parte planificando las ciudades para que la convivencia sea pacifica, para que la movilidad sea sostenible. Pacificar calles, limitar la velocidad, peatonalizar, fomentar la bici pública y motivar y premiar a quien participa activamente para hacer las ciudades más humanas y castigar a quien se empeña en lo contrario.

ciclista en carretera

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Acerca de Enric S. Bonilla

Periodista y maestro. Amante de la música y la lectura, el deporte y el Internet.
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