El debate infructuoso, la disputa entre bici y peatón

Navegando por la red a veces nos encontramos con comentarios, noticias y artículos, a nuestro juicio sin razón de ser, destinados a avivar el ilógico y cada vez más común debate de la convivencia entre los ciclistas y los peatones.

Antes de exponer nuestra opinión queríamos partir de la premisa -cada vez un poco más caduca- que el diseño de nuestras ciudades no está pensado para las bicicletas y mucho menos para las personas, aunque a veces quieran hacernos creer lo contrario. ¿Cual es el astro sobre el que orbita casi toda la concepción del diseño urbanístico? ¿Es el ciclista? ¿El peatón? Rotundamente no. Es el coche. Los semáforos, las glorietas, los pasos de peatones, las señales de tráfico, las manzanas de edificios, las carreteras, las medianas entre carriles, los espacios para aparcar, los badenes, los grandes centros comerciales, los pivotes en las aceras y la anchura de muchas de ellas, sanciones, decenas de ordenanzas, radares… Casi nada de esto tendría sentido sin la invasión auomovilística de las ciudades. Y además, tampoco sería necesario.

Evidentemente no vamos a cometer la idiotez de abogar demagógicamente sobre la abolición de este medio de transporte tan útil en algunos casos y prescindible en otros. Sería absurdo y simplista. El coche es un método de transporte adecuado, pero no siempre. Lo que sí que defendemos son unas ciudades en las que el eje principal de su concepción y crecimiento se centre en las personas.

Dificilmente puden hacerse interactuar en un mismo espacio la circulación de peatones y vehículos a motor. Mucho más fácil en cambio es hacer eso mismo sustituyendo los coches por bicicletas. Ejemplos de esa convivencia no faltan en algunas ciudades europeas, pero claro, en ellas este armonioso entendimiento se empezó a gestar décadas atrás. Lo tienen asimilado y es el fruto de años de un desarrollo óptimo de cualidades tan ausentes en algunos lugares como la empatía, el sentido común y el respeto.

En nuestras latitudes parece que todo debate ya sea político, deportivo, social o como se quiera, se reduzca al “y tú más”, obviando paradójicamente los nexos comunes que en la mayoría de los casos suelen ser superiores en número a las aparentes diferencias.

La convivencia peatón/bici no es difícil de compaginar pero a veces unos y otros se escudan en acusaciones fundamentadas en malas experiencias. Da igual que no sean la norma, la anécdota tiene poder suficiente para modificar miles de actitudes ejemplares en ambos bandos. Un peatón a punto de ser arrollado por una bici es capaz de generar reproches que se proyectan más allá del responsable de tal temeridad y ayudan a manchar la imagen de un colectivo entero. Ese mismo peatón, a punto de ser atropellado por un conductor no proyecta su ira contra todos los que conducen un coche y su concepción sobre ellos, en general, sigue intacta.

Pero olvidamos la base, el principio de todo, la premisa que hemos citado al principio del artículo. Si las ciudades estuviesen pensadas para las personas, muchos de esos conflictos no tendrían lógica, ni razón de ser. Las bicis no temerían a los coches, los peatones no temerían a las bicis…

Sería conveniente focalizar esfuerzos y luchar para construir ciudades más humanas y discrepar con aquellos responsables que son los que realmente consiguen enfrentar al peatón y al ciclista con una actitud discriminatoria para ambos ante al tráfico rodado, ruidoso y contaminante.

Deberíamos aprender a caminar y pedalear unidos en lugar de enfrentarnos e intentar resolver esos pequeñas diferencias, educando y eliminando el problema de base, que evidentemente no son ni los ciclistas ni lo peatones.

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Acerca de Enric S. Bonilla

Periodista y maestro. Amante de la música y la lectura, el deporte y el Internet.
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Una respuesta a El debate infructuoso, la disputa entre bici y peatón

  1. Luisete dijo:

    Exacto! Es cierto que en muchos casos los mismos ciclistas que se suben a la acera y atemorizan a los peatones lo hacen precisamente por miedo a circular por la calzada. Y es verdad, la raíz del problema está en el tráfico rodado y como están diseñadas las ciudades y el privilegio del que gozan los coches. Esto no justifica el comportamiento poco adecuado de algunos ciclistas pero ni mucho menos son ellos el problema.

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